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TODAS LAS OBRAS LITERARIAS, NOTAS Y ESCRITOS SON PROPIEDAD DE SUS AUTORES


Silvia Vazquez y Alfredo Legnazzi

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sábado, 14 de julio de 2012

EDITORIAL: Que es La Lupa?


La lupa cultural nació como una revista digital  que  “bajo la lupa” analiza cada comentario, cuento, poema, y se lo visualiza como tal, sin explicar los innumerables significados que el lector podría darle.
Si bien el escritor lo hace en base a una idea propia, es bien sabido que los cuentos pueden tener múltiples significados. Un lector puede darle un sentido  opuesto a la versión que le dio otro lector.
Si  escribimos un poema sobre amor sublime, en su punto máximo, el lector A puede interpretarlo como amor de pareja, el B de padres a hijos, el C con una connotación sexual, el D de amigo a amigo.
Bueno sería, que el autor pudiera recibir las distintas comprensiones de su trabajo escrito.
“La Lupa”  acepta y lee todos los comentarios efectuados por sus seguidores, los analiza para saber las preferencias de cada uno de  ellos y así saber qué llegada tiene cada trabajo en particular.
Como los escritos son variados, están dirigidos a distintas edades. Cada uno encierra una historia, escrita independientemente  o no de la anterior.
Es decir, que si no se pudo leer el número previo, de todas formas se podrá disfrutar del actual, ya que no está supeditado a un orden.
Además de los trabajos literarios, se publican los eventos ocurridos en el lapso entre un número y otro, y aquellos que se harán en  breve. En el número siguiente se comentará y se publicarán fotografías.
A un costado, las novedades, concursos, muestras, cafés literarios y toda la información que sea recibida de cualquiera de las secciones: arte, música y letras.
El fin de los editores de La lupa Cultural, es dar a conocer sus trabajos, pero además llegar al lector en forma más personalizada.
Esperamos que pronto La lupa se publique en formato página web, para poder compartir mucha más información y que tenga más llegada nacional e internacional.
Las más de 2700 visitas en apenas 4 meses, nos incentivan a mejorar y a promover más aún la actividad cultural.
Están todos cordialmente invitados a ser parte de ella y dejar sus comentarios

SILVIA VAZQUEZ

RELATOS: Fin de semana entre Lobos y Fortines


FIN DE SEMANA ENTRE LOBOS Y FORTINES

Aunque el clima se presentaba bastante frío, encaminamos nuestro fin de semana hacia la Laguna de Lobos, a 117 kms de la Capital Federal. Allí nos esperaba nuestra familia y una interesante invitación a almorzar en la Junta de Fomento , por el festejo del día de la independencia.
Llegamos alrededor del mediodía, y en la plaza Central de la Laguna de Lobos (Villa Luguercio, su nombre oficial), estaban reunidos algunos vecinos , los chicos de la Escuela Primaria EPB Nro 32 Fragata Libertad   ,su maestra, la Srta Daniela Basso y autoridades municipales.
Ignoraba que también se festejaban los 60 años de la fundación de esa villa, así que me dispuse a tomar nota del acto oficial, en medio de una brisita fresca detrás de la iglesia.
Villa Luguercio fue fundada por don Vicente Luguercio, nacido en Rosario en 1892,médico cirujano de profesión. Se instaló allí hasta que comenzó a lotear los terrenos por medio de la compañía Comi y Pini de Buenos Aires. El Sr Luguercio muere en 1941 a los 49 años, y su esposa, la sra Haydée, fue la única heredera de las 250 hectáreas que ocupa la villa. Ella reside actualmente en Buenos Aires.
La parada ferroviaria, fue uno de los primeros fortines que en 1779 el virrey Vertiz ordena que se ponga en situación de defensa para lo cual envía materiales, y el 21 de agosto de 1779, el sargento de artillería Pedro José Rodríguez, deja concluido en sus primeras partes el fortín "San Pedro de los Lobos", siendo el teniente Bernardo Serrano quien diera fin a la obra pocos días después.


Se dice que se coloca el nombre de Lobos en virtud de la cantidad de nutrias que poblaban la laguna en aquellos tiempos, las que eran conocidas como "lobos de agua" o "lobos de río". Se supone que el nombre de Lobos provenía de los perros cimarrones que merodeaban por la zona y su gran parecido que tenían con los lobos. Estaba ubicado a unos 300 m de la ribera norte de la laguna de Lobos y a 1,5 km al este de la desembocadura del arroyo Las Garzas. Contaba con un efectivo de 16 milicianos relevados mensualmente. A diferencia de los fuertes mayores, el Fortín de Lobos estaba formado por unos cuantos ranchos de barro y paja, sin puertas ni ventanas, rodeado por una defensa de palos a pique. La presencia de los indios se avisoraba desde el mangrullo. Hoy en ese lugar está ubicada la"estación" de ferrocarril de Villa Loguercio, que en sus orígenes se denominaba "Apeadero km 112" y se llama en la actualidad "Parada Fortín Lobos", pertenecía al ex- Ferrocarril Roca y ahora es operada por la estatal UGOFE. Se encuentra en lamentable estado de abandono.

En la plaza central, frente al monolito que conmemora aquella fecha de fundación el 8 de julio de 1952, el Sr. David Quintana, vecino del lugar y el Sr. Juan Domingo Romero, Presidente de la Junta de Fomento de la Laguna de Lobos, colocaron un arreglo floral en homenaje a su fundador.
Presidió el acto el Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Lobos, Sr. Javier Guarnerio, junto con  la srta Natalia Russo, de la oficina de Turismo.
Se entonaron las estrofas del himno nacional, y se dio un fuerte aplauso a los abanderados:
Bandera Nacional          
Abanderado                      Gonzalo Misciagna
Primera Escolta                                Blanca Manca
Segunda Escolta              Candela Iñiquez
Bandera de la Pcia de Buenos Aires
Abanderada                      Andrea Gensen
Primera Escolta                                Lucas Masachesi
Segunda Escolta              Marcos Wojtowitsch

El Sr Secretario de Gobierno dirigió unas palabras al pueblo lobense, y cerrado el acto, y retiradas las banderas, se comenzó a festejar en la Junta de Fomento, con más de 150 personas reunidas, el día de la Independencia y el Aniversario de la Fundaciòn de la villa.
No hace falta aclarar que la multitud que estaba reunida en la Junta de Fomento pasó una tarde más que agradable, entre charlas y sorteos, y disfrutando de un pleno sol que entibiaba la jornada lobense.




Silvia M Vázquez

viernes, 13 de julio de 2012

MUSICA: ¡Que más puedo decir de Silvio!


Corría 1984 en la República Argentina y con el advenimiento de  la democracia, de la mano de Raúl Alfonsín, nuevos vientos empezaban a asomar para la música y para la cultura en general.
 Comenzaban a levantarse las prohibiciones sobre cantantes y canciones en particular. Muchos artistas volvían del exilio forzoso al que habían estado sometidos y otros ya podían ingresar al país y al alma de los argentinos, a través de su poesía y de sus canciones por primera vez.
 Recuerdo que apenas había iniciado el ciclo lectivo de ese año, mientras preparaba un examen, escuche por primera vez en la radio dos hermosas canciones que llamaron mi atención: “Como esperando abril” y Unicornio”.  Este último el tema el más famoso de Silvio, al menos en nuestro país.
 Sin saber de quién se trataba, reparé en esa voz cálida y en esa música un tanto nostálgica y me produjo una gran emoción. Algo despertó en mí que era difícil de explicar en ese momento.
 Al poco tiempo, de aquel suceso, Silvio llegó junto a Pablo Milanés a la Argentina. Era su primera visita al país y actuaron en la Av. 9 de julio, en un escenario montado en el obelisco, con  Leon Gieco y Victor Heredia y otros artistas argentinos. También en esos años fue entrevistado en un programa televisivo y fue presentado como uno de los fundadores de la Nueva Trova Cubana, movimiento musical fundado a fines de los años 60
 De a poco fui conociendo su obra, su poesía elaborada y su música.
 En ese entonces, un amigo me presto dos cassettes de Silvio: Unicornio y Mujeres, y a partir de ese momento, Silvio se transformó en mi amigo. Fue el que estimuló mi deseo de ser poeta.  Cada vez que escuchaba esas hermosas melodías y esa forma de combinar los sonidos  y las palabras, internamente decía: quiero escribir como El.
 Por entonces solía ir todas las semanas a recorrer disquerías, buscando  su discografía, ya que al no haber internet, no había a donde buscar información. Y de a poco fui adquiriendo uno a uno  sus discos. Los que se iban editando y los anteriores que iban llegando al país, que ya estaban editados.
 En cada uno descubría algo nuevo, y copiaba las letras de las canciones en un cuaderno mientras las escuchaba, para poder analizarlas.
 Fue así que sin darme fui atesorando toda su obra, aunque en forma desordenada primero, luego fui siguiendo la edición de sus discos en la era del CD y me di el gusto de ir a verlo al Gran Rex en 1994. En la puerta del teatro, a la salida del recital, compre un cuadernillo con letras de sus canciones que guardo aun con mucho celo.
 Silvio posee una rica y prolífica discografía desde que se hizo solista, en 1975. Transitó por períodos en que todo su talento brilla solo a través de su voz, acompañado por su guitarra. Y otros en que es acompañado por excelentes orquestaciones.
Aunque la información circula por la red, quiero mencionar cada uno de sus discos:  Dias y flores (1975); Al final de este viaje (1978); Mujeres (1978); Rabo de nube (1980); Unicornio  (1982); Tríptico (1984); Causas y Azares (1986); Oh melancolía (1988); Silvio (1992); Rodríguez (1994); Domínguez (1996); Descartes (1988); Mariposas (1999); Expedición (2002); Cita con ángeles (2003); Erase que se era (2006); Segunda cita (2010)

Además se han editado discos en vivo, recopilaciones y colaboraciones con otros cantantes. Posee también gran cantidad de canciones inéditas, con las que se podrían publicar tal vez 20 discos más. Su creatividad es inagotable.
En esos días, donde mi jornada laboral suele extensa y tengo que permanecer durante muchas horas en mi escritorio, acostumbro  a escuchar todas sus canciones, desde el primer al último disco.
Y me atrevo a decir que Silvio es un genio de nuestro tiempo, que le ha ofrendado al mundo todo su talento, desde la humildad de los hombres sabios y lúcidos.  El más grande trovador de la historia de la música.
Me resulta difícil decidir cuál es la canción que más me gusta, pues me gustan todas. Por una cuestión de espacio voy a compartir con Uds.  solo una:

“Oleo de la mujer con sombrero”:
Una mujer se ha perdido
Conocer el delirio y el polvo,
Se ha perdido esta bella locura,
Su breve cintura debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
Se ha perdido mi huella en su mar.
Veo una luz que vacila
Y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
Con otra figura que recuerda a tí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.
Una mujer innombrable
Huye como una gaviota
Y yo rápido seco mis botas,
Blasfemo una nota y apago el reloj.
Qué me tenga cuidado el amor,
Que le puedo cantar su canción.
La cobardía es asunto
De los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
Ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
Ni el mejor orador conjugar.
Una mujer con sombrero,
Como un cuadro del viejo chagall,
Corrompiéndose al centro del miedo
Y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
Y ahora lloro por verla morir.
Gracias Silvio, hasta pronto

ALFREDO LEGNAZZI

CUENTO E HISTORIETA: El guerrero de Ush



CUENTOS E HISTORIETA:  EL GUERRERO DE USH

El año pasado tuve la posibilidad de dictar clases en una escuela secundaria. Grande fue mi sorpresa cuando descubro que uno de los alumnos de cuarto año, estaba terminando unos dibujos en lugar de terminar unos ejercicios que le había indicado. La verdad, no pude retarlo, cuando vi lo que estaba haciendo. Era de una calidad impresionante. Le pregunté si quería hacer unos con el guión de uno de mis cuentos, a lo que accedió. Cuando vi el trabajo terminado, me quedé helada. ¿Cuanta gente hay que hace arte, y ni siquiera se conoce?
Habría que darle al oportunidad a este adolescente de poder seguir aprendiendo, y llegar a ser un eximio dibujante.
El se llama Federico Denus, y sigue en el Colegio Santa María, de Ciudadela, cursando el quinto año secundario. Lamentablemente es uno de los tantos virtuosos del lápiz que no puede costearse un estudio paralelo al del colegio. Quien sabe, a lo mejor alguien que lee esto y ve sus obras, le da una mano. Realmente se lo merece.
Felicitaciones, Fede!

  
Guerrero de Ush 
  
Todo estaba destruído en el mundo real. El ataque externo había sido demasiado impertinente. Cada soldado de Ush se había preparado para resistir. Muchos quedaron en el  camino.
Las armas de los ushin aparecían diseminadas entre los cadáveres humeantes. Yank Ku levantó las cadenas enrolladas en el cuello de Fiang y las guardó en su mochila. Arrancó de su pecho la medalla de oro. Después de todo, su madre merecía tenerla. No había permitido que su hijo luchara en esa guerra absurda pero contra su voluntad, él partio al desierto de Ank a reunirse con sus viejos camaradas.
Allí quedaba. Enroscado bajo los escombros de las serpientes que adornaban las entradas de los templos.
Yang Ku guardó la katana y caminó hacia el altar destruido, intentando abrir los pesados portones para alcanzar desde ahí, el camino hacia Ush.
Esquivaba cuerpos en llamas y animales heridos que alguna vez habían pertenecido a su enemigo. No hallaba la puerta correcta. Se paraba frente a cada una de ellas e intentaba meterse por las hendijas. Del otro lado, la nada. Quedaban pocas horas para alcanzar el camino. ¿Cuál era la puerta correcta?
Recordó las palabras de su maestro
-Piensa, siempre hay una salida. Solo imagínala en tu  mente. Invoca al dios y él te ayudará.
Caminó tres pasos. La luz que emergía de la puerta central lo cegaba. Se decidió por esa. Se sacó los guantes y acomodó su casco para lograr el exacto movimiento que le permitiera traspasarla. Cerró los ojos, invocó a su dios y se lanzó.
Recordó a Fiang y a su madre. Recordó a Laina y sus palabras de amor antes de partir.
El portón se abrió. Fue despedido hacia un largo túnel.
A lo lejos, las tinieblas de Ush aparecían. En el camino, la mano de Laina lo sostuvo hasta llegar a la loma. A ambos lados del camino, el fuego seguía consumiendo la poca vegetación que subsistía.
Ardían vehementes los hierros retorcidos de los tanques.
Corrió hacia la casa de Fiang. Se detuvo un momento. Entregó la medalla a su madre y partió. Otro inframundo lo esperaba para comenzar de nuevo.

SILVIA VAZQUEZ






FEDERICO DENUS


jueves, 12 de julio de 2012

RELATOS: Un sueño hecho realidad



UN SUEÑO HECHO REALIDAD: LA VISITA AL COLEGIO REPUBLICA DOMINICANA

El viernes 29 de junio era un día frío que no se diferenciaba de los anteriores de esa semana, en cuanto a la temperatura. Me levanté temprano como siempre, pero algo me decía que ese no era un día más. Algo diferente estaba por vivir. Tenía esa intuición, quizá haya sido esa voz interior que a veces me habla en más de una ocasión y que me da la verdadera dimensión de lo que va a ocurrir.

Siendo todavía de noche, pase a buscar a Silvia a su casa. Aunque aún no estábamos totalmente despiertos y en la plenitud de nuestras facultades, sentí que ambos desbordábamos de entusiasmo. Después de tantos meses, estábamos yendo al Colegio 16 República Dominicana.

El proyecto había comenzado a gestarse a mediados de enero. Después de contactarme con Cecilia, a través de Facebook  y de que ella leyera El Manuscrito. Así surgió la idea de hacer esta visita. Pero había que esperar que los chicos lean el libro y algunos poemas, por lo que la fecha tardó en definirse.

Los meses fueron pasando y mi expectativa aumentaba. Si bien hubo otros eventos en el medio, cafés literarios, la presentación en el Museo Rosas, algunas participaciones en la Radio, esta visita me hacía eco, me daba como un cosquilleo interno, una expectativa poco frecuente.
 Quizá haya sido por el hecho de que los lectores eran niños y mi deseo de aportar algo que les resultara útil, algo que significara sembrar ilusiones para que pudieran realizar sus sueños  o contribuir con mi pequeño granito de arena, para decirles algo que los movilice. Todo eso  redoblaba mi compromiso.

 En más de una ocasión, en los últimos meses comencé a preparar algo escrito para ordenar mis ideas, pero los tiempos no me permitieron terminarlo. Por eso opté dejarlo ser, como la canción de Paul y que mi corazón decidiera lo iba a decir cuando llegara el momento…

Habíamos pensado que el tránsito iba a estar complicado por lo que salimos con mucha anticipación. Pero el viaje se hizo más breve de lo calculado y llegamos media hora más temprano, por lo que fuimos a desayunar por segunda vez en el día, hasta  las 8.30, hora en que ingresamos al colegio.

Cecilia – la directora- nos recibió con la amabilidad que la caracteriza. Su generosidad, su bondad  y su buena predisposición hacia nosotros hicieron que nos sintiéramos como en nuestra casa.

Inmediatamente fuimos a la biblioteca donde nos encontramos con la maestra de Lengua la Señorita Mariana y con los chicos de séptimo grado.
Después de acomodarnos y presentarnos, Silvia comenzó con una breve disertación y luego me dio la palabra.

Me presenté formalmente ante los pequeños lectores, que habían preparado muchas preguntas. Mientras conversábamos sentí el interés de los chicos por la lectura, y el gran trabajo que hace el Colegio a través de sus maestros y directivos, estimulando su faceta creativa.

Me sorprendieron muchas veces con las preguntas. Tenían mucha información tanto del blog personal Poesías para el Alma,  de La lupa cultural, y de El Manuscrito.

Me preguntaron cuando empecé a escribir, que género literario prefería, porque era contador  y me gustaba escribir, y así, con esas miradas vivaces e inquietas la conversación fue fluyendo hasta que pasó la hora y veinte de duración prevista para tan hermoso encuentro.

Fue breve pero muy intenso. Me sentí realizado como escritor y también inmensamente feliz. Como les dije a los chicos al comienzo de la charla, para mí ese viernes se transformó en un día feriado, en un día de fiesta.

El toque del timbre marcó el comienzo del recreo. Los chicos salieron presurosos y Cecilia nos invitó a su despacho. Amable como siempre nos invitó a tomar un cafecito y hablamos de algunas actividades para los próximos meses.

Cuando salimos del colegio un sol radiante iluminaba el cielo. Nos fuimos del lugar pero en nuestro corazón nos llevamos ese momento tan bello que vivimos. Sentí que una luz interna se había encendido una vez más y brillaba y sigue brillando como el sol de ese mediodía de viernes.

Gracias!!!!!

ALFREDO LEGNAZZI

RELATOS: El río inexistente


El río inexistente

Aprovechando mi presencia en la ciudad de Villa Carlos Paz, fui invitada por un editor de la zona, al cierre de un evento literario que se haría en la localidad de Icho Cruz, a escasos 14 km de donde yo estaba.
El lugar parecía muy bonito, aunque de noche no se veía más que la sombra de las altas cumbres que conocíamos en otros viajes anteriores. Un artesanal frente anunciaba la velada literaria y varios puestos de artesanías rodeaban el enorme jardín donde algunas mesas ya estaban ocupadas por los asistentes.
Un comentario hecho al azar fue lo que detonó mi pregunta. Al pasar por uno de los puentes en la ruta, vimos un cartel que rezaba “por aquí pasaba un rio”, escrito en imprenta pero  no con la tipografía de los carteles de vialidad.
“-El río?, no, no lo van a ver más por ahí”,  fue la respuesta. Vieron el cartel que está en el puente? El río fue desviado a un country con canchas de golf, para servir de riego para  las pintorescas canchas que utiliza la gente con más nivel que nosotros”.
Y es así, bajo el puente inútil, solo se ven piedras desparramadas, entre tierra seca que vuela sobre la ruta.
No se sabe a ciencia cierta cuando se circula por allí, hacia qué lado fue desviado. Solo lo sabe la gente que vive en Icho Cruz, una ciudad de 1145 habitantes cercana a San Antonio de Arredondo, que ya no tiene el río.
Pasa cerca, pero no lleva su caudal como hace tiempo. Se ve que otra gente lo necesitaba más y lo tomaron prestado por vaya a saber cuantos años…


SILVIA VAZQUEZ


CUENTOS: El Legado (parte II)



A las diez de la mañana Gerardo se hizo presente nuevamente en la casona de Versalles. La escena fue repetida, Carmen esperándole detrás del portón de hierro con el gran llavero en su mano.  Luego la caminata hacia la puerta principal hasta el interior de la casa hasta que se acomodó en el confortable sillón. Pero la única diferencia en ese segundo día era que Carmen debía irse porque los domingos eran sus días de franco y debía dejarlo solo hasta la noche en que ella volvería a ocupar su puesto de trabajo. No sabía si volvería a las diez o más tarde.  Le dijo que atendiera el teléfono solamente si sonaba dos veces y luego de cortarse volvía a sonar. Esa era la clave para que Gerardo supiera que la que llamaba era Carmen. En ninguna otra circunstancia debía atender. Gerardo intentó preguntarle cuál era la razón, pero Carmen lo interrumpió con autoridad y le dijo que era una cuestión privada que no podía comentarle.

Carmen se retiró silenciosamente. Gerardo se quedó solo y algo temeroso. Era un día gris y algo ventoso. Había traído algunos  libros y su walkman para matar el tiempo. Tenía la responsabilidad de hacer pasar  a los posibles compradores al interior de la casa. Si nadie viene sería mucho mejor –pensó-. De todas formas cobraría una suma mínima de honorarios por sus servicios y a la semana siguiente se excusaría por razones de salud o tiempo y no volvería a esa lúgubre casa. De todas formas se preguntaba qué haría en todo el día, hasta las diez de la noche o más.

El día transcurrió muy tranquilo hasta más o menos las cuatro de la tarde, cuando sonó el teléfono. Tal cual lo que le había comentado Carmen, sonó dos veces, se cortó  y luego volvió a sonar. Gerardo atendió presuroso esperando escuchar la voz de Carmen, pero no contestaba nadie. Le pareció algo extraño ya que parecía muy segura de lo que decía cuando le mencionó lo de la clave, como si nadie más lo supiera. Evidentemente no era así. Al rato se repitió la situación. Gerardo volvió a atender. Se escuchó la voz de una mujer joven, muy clara y cercana; parecía jovial y alegre, llena de vida. Gerardo pensó que era una mera casualidad y que aquella clave de dejar sonar dos veces era muy vulnerable. Pensándolo bien, cualquiera podía marcar dos veces y cortar o simplemente que la comunicación se interrumpa sola.
 Gerardo intentó presentarse en forma educada, pero la mujer le dijo que no hacía falta, porque hablaba Carmen. Luego se cortó la comunicación. Gerardo quedó inmóvil y dubitativo. Era imposible que la mujer que hablaba del otro lado del teléfono fuera la misma que había estado con él en la casa. Pero su voz era la de una persona muy segura y convencida de lo que decía.
Se quedó alerta a la espera de una nueva llamada.  El teléfono volvió a sonar dos veces y se cortó. Al tercer llamado Gerardo atendió. Era Carmen nuevamente, con esa voz jovial y alegre que le hablaba a Gerardo como si lo conociera de toda la vida. Al intentar contestarle se cortó. El sonido era muy cercano. Algo extraño ocurría. Gerardo  se puso de pie, nervioso e impaciente. Luego de un rato decidió recorrer la casa. Tenía las llaves de los cuartos. Se le había despertado una gran curiosidad. Había algo relacionado con la casa y con esa extraña mujer que debía indagar, aunque tal vez fuera mejor salir de allí y volver a su departamento. Pero no podía. Su contrato decía que debía quedarse haciendo guardia y no perder la posibilidad de atender a un potencial comprador, para luego cobrar ese dinero tan necesario.
Subió sigilosamente hacia el primer piso. Fue directamente al cuarto que Carmen no había podido abrir el día anterior. Probó con cada una de las llaves y nada pudo hacer. Pensó en forzar la puerta. Su curiosidad se había encendido abruptamente. Movió la manija pero no era posible abrir. Al rato desistió y  lentamente se dirigió por el pasillo hacia la escalera, para volver a la planta baja. Entonces escuchó ruidos, como si alguien golpeara en algún lugar de la casa. Gerardo se asustó y comenzó a mirar hacia todos lados. El ruido venía de la habitación cerrada. Evidentemente había alguien allí. Golpeó con fuerza la pesada puerta de madera pero nadie le contestó. Volvió atravesar el largo pasillo y advirtió que los muebles estaban llenos de fotografías de una mujer joven. Parecía ser la misma mujer en distintas fotos. Más que una mujer era una adolescente, muy bonita; parecía de otra época. No podía determinar precisamente de qué años, pero las fotos estaban amarillas y algo borrosas. La mujer sonreía en casi todas. Intentó abrir el cajón principal del armario que estaba debajo de la escalera que iba al altillo pero estaba cerrado con llave. No sabía bien por qué el día anterior no había advertido la presencia de aquellas fotos. Todo era muy extraño. Pensándolo bien, Carmen era muy extraña. ¿Y si ocultaba algo y el estaba allí en el momento menos indicado? ¿Y si se metía en algún problema? No era alguien habituado a salir de los carriles normales de su vida. Trataba todo el tiempo de esquivar cualquier tipo de conflicto.
Eran las ocho de la noche y resolvió irse a su casa, independientemente de las indicaciones de su jefa.
De pronto sonó el timbre de la casa. Sonó casi violentamente, insistentemente, con desesperación. Gerardo corrió hacia la puerta y trató de abrir con la llave que Carmen le había indicado, pero ésta se trabó en la cerradura y no fue posible abrir. Intentó abrir con el atizador que se encontraba en la chimenea, tratando de forzar la puerta, pero fue imposible. El timbre seguía sonando, y él sin poder atender. Corrió el cerrojo de una ventana para ver de quién se trataba y vio a una mujer con un piloto negro con capucha que le tapaba el rostro casi por completo. Seguía llamando con insistencia. De pronto sintió nuevamente ruidos en la planta alta y acudió a ver qué era lo que ocurría.
Subió la escalera en forma apresurada. Tropezó golpeándose las rodillas, pero siguió como si nada hubiera ocurrido. Atravesó el  pasillo hasta llegar a la habitación cuya llave estaba rota. Los ruidos provenían de allí. Cuando estaba por  llegar, sonó el teléfono dos veces y se cortó. Todavía tenía el atizador en sus manos. Lo arrojó violentamente al piso. Sus nervios lo estaban desbordando. No sabía qué hacer. Todo ocurría al mismo tiempo, el timbre, los ruidos en la habitación y el teléfono sonando de la forma acordada.
Volvió a la planta baja. Su pulso se aceleraba y sentía temor por lo que estaba ocurriendo. Había decidido salir de allí de cualquier forma, inclusive violentando la puerta y saltando la reja si fuera necesario.
Una tenue llovizna comenzó a caer, acompañada por un  viento suave pero ruidoso. La puerta de entrada estaba abierta y la mujer de negro ya no estaba en la reja perimetral. Gerardo tomó la llave que permanecía en la cerradura y corrió hasta el portal de hierro para salir del lugar. Nuevamente se le trabó la llave y no pudo abrir. Se estaba mojando en forma considerable. Su aspecto estaba algo desencajado. Decidió trepar la reja y saltar hacia la calle. Luego vería la forma de volver a su departamento.
Hizo varios intentos, hasta que finalmente pudo subir. La reja mojada por la lluvia, sumado a su ropa de vestir poco adecuada para trepar semejante altura, le sumaba dificultad a la situación.
Cuando estaba por saltar a la vereda, un enorme reflector lo alumbró. La calle se iluminó, pero Gerardo quedó cegado por semejante luz.  A través de un altavoz alguien le pidió que se identificara. Hizo un gesto mostrando sus manos y pidió que lo dejaran saltar a la vereda porque estaba muy incómodo arriba de la reja.
Detrás del reflector había dos hombres que vestían con uniforme de vigiladores. Seguramente se encargaban de la seguridad de la cuadra. Un poco más atrás, a unos cincuenta metros, había una garita con un tercer hombre que hablaba por un handy en forma apresurada. Mientras uno de los individuos seguía sosteniendo el reflector, otro se acercó a Gerardo para interrogarlo.

Con calma le explicó lo sucedido. Mientras  el hombre hablaba a Gerardo reconstruía la escena de lo vivido y no recordaba haber visto a nadie vigilando el lugar antes. Seguramente la garita era móvil y venían solo de noche –pensó-.
Les comentó que una señora llamada Carmen le había franqueado la puerta y luego se había tenido que ir. Y que la llave de la puerta se le había trabado. Por esa razón no le había quedado opción que saltar la reja, que no era un delincuente y que todo lo que les estaba diciendo era fácilmente comprobable. Los hombres le pidieron alguna identificación o algún teléfono, pero recordó que con el apuro todo había quedado dentro de la casa.
Los hombres intercambiaron una mirada y uno saco un arma apuntando a Gerardo. Todo se estaba complicando demasiado. Más de lo que esperaba. De una simple guardia en una vieja casona en venta con el objeto de ganar un dinero extra, a esta situación.
El hombre que lo apuntaba le ordenó acostarse boca abajo en el piso, poner las manos sobre la nuca y cruzar las piernas. Gerardo obedeció sin resistirse.
Pronto escuchó las sirenas de un patrullero que se acercaba raudamente al lugar. Fue llevado a la comisaría y allí fue interrogado.
Contó nuevamente lo sucedido y los policías que le tomaban declaración se miraron sorprendidos.
Cuando terminó de hablar, el principal tomó la palabra, mirándolo en forma muy extraña. Le dijo a Gerardo que la casa estaba deshabitada desde hacía mucho tiempo, que él era vecino del barrio y que sabía que había problemas sucesorios y muchos herederos que se disputaban lo que se pudiera recaudar de una posible venta, pero que todavía se encontraba en proceso judicial. Por lo que no era factible que esa casa pudiera ser vendida. Además no conocía a ninguna señora Carmen encargada del lugar;  los designados de cuidar la casa era los vigiladores que lo habían detenido. Su historia no resultaba muy creíble. Es más –dijo el principal-  luego de ingresar a la casa en búsqueda de alguna evidencia, no encontró ni la agenda ni el walkman ni las fotos de la casa que Gerardo decía que había dejado sobre la mesa del living.
El problema continuaba agravándose a cada momento. Finalmente le comunicaron que estaba autorizado a hacer un llamado.
Gerardo llamó a su madre y le explicó lo sucedido.
Antes de una hora se hizo presente en la comisaría junto con un abogado. Su madre era así de expeditiva.

En el trayecto a su casa, estuvo en silencio. El abogado había hablado con el comisario e intercedió por Gerardo para que todo quedara sin efecto. Seguramente era un abogado muy importante, por lo que el Principal accedió a romper la declaración, confiando en los dichos del abogado y la madre de Gerardo.
Ahora deseaba descansar, y al día siguiente hablaría con la dueña de la inmobiliaria. Le debía una explicación. Quería saber por qué lo había enviado a ese lugar, aunque  era muy probable que no encontrara respuesta. Le pidió a su madre que se llevara a Fátima a su casa por esa noche; al día siguiente la iría a buscar para llevarla a la guardería. Su madre le dijo que se despreocupara, que se tomara el lunes libre para descansar, que ella se ocuparía de todo lo referente a la niña.

Estuvo toda la noche apoyado sobre el respaldar de su cama, con las manos detrás de su cabeza, analizando lo sucedido, mas no halló explicación. Para colmo de males, había perdido su agenda y las fotos que podían demostrar lo sucedido. Tal vez  debería volver a la casa a revisar el lugar. Pero no lo tenia en claro en ese momento.

La noche pasó rápidamente sin que él pudiera dormir. Luego de asearse  y vestirse concurrió al bar de costumbre.
Había  mucha gente. Por lo general los lunes se poblaba de personas que trabajaban en las oficinas cercanas y que querían compartir el desayuno antes de enfrentar la extensa jornada laboral.
Una joven se acercó a tomarle el pedido. No era la persona que estaba todos los días. Cuando se acercó reparó en ella. Era muy bonita, pero tenía la mirada algo extraña, como si no hubiera dormido. Sus ojos estaban rojos, irritados. Su rostro le sonaba familiar. Le pidió lo habitual, lo de todos los días: un café con leche y dos medialunas. Luego tomó el diario de la mañana, como lo hacía normalmente. Casualmente lo abrió en las páginas policiales. En un pequeño recuadro decía: “Misterio en una vieja casona de Versalles. Fue allanada por la policía. Aunque estuvo cerrada por más de nueve años, dentro había un individuo, un hombre joven que fue detenido quedando a disposición del Juez. La última dueña de la casa fue Carmen St. Georges, fallecida hace más de 10 años…”
Junto a la nota había una foto de Carmen, la que había conocido al ir a esa tétrica casa.  En la página siguiente en un recuadro había una foto suya, pero de aspecto muy desaliñado y con la barba crecida. Gerardo quedó conmocionado.  No comprendía nada. ¿Acaso no había quedado libre de cargo gracias al arreglo que el abogado de su madre había hecho? Que hacía allí fotografiado  con ese aspecto tan ruinoso? No recordaba haberse sacado ninguna foto Y respecto a Carmen, ¿cómo podía haber muerto diez años atrás si había estado  con él el día anterior? Soltó el periódico y salió vertiginosamente del lugar.

Volvió a su departamento deseoso de seguir descansando. Se dirigió a su habitación, pero algo le llamó la atención. Había un cajón de su escritorio abierto. Se observaba un sobre algo desprolijo. Lo tomó y con sorpresa encontró su agenda y las fotos de la casa. También había otras fotos, eran las de la joven mujer de los cuadros. Tenía los ojos cansados. Con sorpresa descubrió que era muy parecida a la muchacha que lo atendió, en el bar. También había una vieja  foto en la que estaban Carmen, muy joven, una niña y él. Aproximadamente tendría ocho años en aquella foto, y estaba tomada en París. Se veía la Torre Eiffel de fondo. No recordaba haber estado en París jamás. “Estaré volviéndome loco” –pensó-
El teléfono interrumpió sus cavilaciones. Sonó dos veces y se cortó. Luego sonó una vez más y Gerardo atendió: era la voz de una mujer. Dijo: “Hola, Gerardo, soy Carmen”.  




  ALFREDO LEGNAZZI